
CLÁSICOS DEL ROCK
ANÁLISIS DE LAS DISCOGRAFÍAS DE LOS ARTISTAS Y GRUPOS IMPORTANTES EN LA HISTORIA DE LA MÚSICA ROCK
VAN MORRISON
2026
BLOWIN' YOUR MIND!
Año de publicación: 1967
Puntuación:
1) Brown Eyed Girl; 2) He Ain't Give You None; 3) T.B. Sheets; 4) Spanish Rose;
5) Goodbye Baby (Baby Goodbye); 6) Ro Ro Rosey;
7) Who Drove The Red Sports Car?; 8) Midnight Special;
[BONUS TRACKS:] 9) Spanish Rose (alternate take); 10) Ro Ro Rosey (alternate take); 11) Goodbye Baby (Baby Goodbye) (alternate take); 12) Who Drove The Red Sports Car? (alternate take); 13) Midnight special (alternate take).

2026
Cuando comenzó su carrera en solitario, Van Morrison provenía del grupo norirlandés de R&B Them, donde había obtenido un enorme éxito con el single ‘Gloria’, una canción que para 1964 (el año de su publicación) suponía un primer atisbo de lo que podría ya denominarse como proto-punk, aunque nadie fuera consciente de ello en esos momentos. Tras ese éxito, la banda no tuvo mucho más recorrido. Al fin y al cabo, Them no eran más que él mismo y un puñado de músicos que iba cambiando continuamente, así que era lógico que acabara iniciando una carrera bajo su propio nombre. En la discografía de Them había muchas versiones, pero aquí Van Morrison toma el mando de la composición y la mayor parte del contenido es material propio, un motivo más para olvidarse de su primer grupo, sobre todo porque ahora podía contar con músicos competentes y no sus excompañeros excesivamente amateurs. En este álbum de debut en solitario, originalmente sólo había ocho canciones porque la idea inicial era publicar cuatro singles por separado (es decir, cada single con su cara A y su cara B), pero Van perdió el control de las grabaciones y la discográfica lo publicó como un LP y sin su consentimiento, algo evidente con sólo mirar la portada y el título de aires psicodélicos, cuando la psicodelia aquí ni aparece ni se la espera. La visión artística de Morrison no iba por ese camino.
En primer lugar nos encontramos la canción más conocida de su carrera, si obviamos ‘Gloria’ de Them. Desde su característica introducción, ‘Brown Eyed Girl’ es todo un clásico entre los clásicos del pop, aunque este no sea para nada el estilo al que debemos asociar a Van “The Man”. Detalles instrumentales van adornando y convirtiendo la música en mucho más que un acompañamiento en esta canción, mientras la voz de Morrison desvela todos los matices posibles que puede expresar un ser humano por el recuerdo nostálgico de un amor antiguo e inolvidable. Es una de las canciones más joviales de la carrera de Van, que ya es decir, pero no es un caso único porque en ‘Spanish Rose’ se respira la misma alegría aunque sea un tema menor en comparación. Es normal que se note ese entusiasmo propio de un chico veinteañero, como también es normal que esté influenciado por las personalidades musicales del momento. De hecho, en ‘T.B. Sheets’ recuerda un poco a Mick Jagger en la manera de cantar, y no sólo por ello sus diez minutos de duración nos pueden hacer pensar, y con motivo, en ‘Going Home’ de los Rolling Stones. En cualquier caso, ‘T.B. Sheets’ podría haberse recortado un poco, aunque está ejecutada con gusto y la única objeción que se le puede hacer es que el guitarrista no posee suficientes recursos para completar con punteos los diez minutos sin repetirse un poco.
Por el comienzo liderado por el órgano de ‘He Ain't Give You None’, parece que nos estemos topando con el ‘Like A Rolling Stone’ de Van Morrison, aunque quede mucho menos resultón que el tema de Bob Dylan. En cambio, ‘Who Drove The Red Sports Car?’ es un blues donde Morrison demuestra que su voz se basta para dirigir la canción y llevarla al clímax necesario, algo muy diferente a la explosión de soul en ‘Ro Ro Rosey’, con una guitarra estridente que sospechosamente parece querer introducir de manera subrepticia unos resquicios de psicodelia. Por otra parte, ‘Goodbye Baby (Baby Goodbye)’ es una de las dos canciones no compuestas por él, pero se adapta muy bien al estilo de R&B juvenil que traía de Them. La otra es la tradicional ‘Midnight Special’, aderezada con coros femeninos y dejando un mejor sabor que la más conocida versión de la Creedence Clearwater Revival. En los bonus tracks encontramos cinco tomas alternativas de sendas canciones del álbum, cuyo interés radica en que en el estudio de grabación grabaron todo (o casi todo) en directo, cada canción de forma completa, más o menos igual a como lo hacía Bob Dylan. Esto significa que pueden encontrarse diferencias destacables entre tomas y eso permite disfrutar de una nueva perspectiva si se conocen bien las canciones que fueron finalmente publicadas. Incluso ‘Spanish Rose’ parece mejorar en su toma alternativa, no así ‘Who Drove The Red Sports Car?’, cuya versión final parece difícil de mejorar.
ASTRAL WEEKS
Año de publicación: 1968
Puntuación:
1) Astral Weeks; 2) Beside You; 3) Sweet Thing; 4) Cyprus Avenue;
5) The Way Young Lovers Do; 6) Madame George; 7) Ballerina; 8) Slim Slow Slider.
Por fin Van Morrison pudo sentarse con tranquilidad a grabar con una idea de álbum en la mente, un álbum propiamente dicho y no la jugada que le habían hecho en la discográfica anterior para publicar Blowin' Your Mind!, un compendio de canciones que deberían haberse publicado como single mientras Van seguía clarificando cuál iba a ser su camino a seguir. Sin embargo, consiguió un contrato con la todopoderosa Warner y eso le dio confianza para embarcarse por terrenos vírgenes, pues lo que escucharemos en Astral Weeks podría denominarse como folk progresivo cuando todavía ni existía el término progresivo, si es que se le pudiera poner etiqueta a una música singular y alejada incluso de lo que el propio Van Morrison realizará durante la mayor parte de su carrera. Para alcanzar tal hazaña, pudo rodearse de excelentes músicos provenientes en su mayor parte del jazz y salir beneficiado de su loable trabajo en el álbum, sobre todo en los temas más extensos que requieren una sólida arquitectura instrumental y que abrazan ese sabor protoprogresivo que es más bien una extensión del jazz hacia la música folk.
Para constatar todo ello, sólo hay que fijarse en la canción que da título e inicia el álbum; cómo bajo un tono general de folk la canción crea una sensación de progresión debido a todos los elementos instrumentales que se van añadiendo mientras la voz inconfundible, expresiva e insuperable del gran Van Morrison nos entona una poesía evocadora. Todo en conjunto creando una intensidad que va en aumento conforme el tema avanza y que deja por el camino diversos momentos memorables. Esa estructura en forma de crescendo está desarrollada con maestría en otros temas como ‘Sweet Thing’, en este caso gracias al excelente trabajo del percusionista. En cambio, canciones como ‘Beside You’ dejan esa sensación que un año después dejaría también Captain Beefheart en Trout Mask Replica, que es la de una parte instrumental que va por un lado y una parte vocal que va por otra diferente, pero sonando al unísono crean una sensación muy peculiar y especial. Esta manera de trabajar se vuelve a apreciar en más ocasiones, como en ‘Cyprus Avenue’, donde destaca el alocado violín que sobrevuela la canción, así como la flauta travesera, pero el bajista también deja su impronta en un plano secundario. Sin embargo, a lo largo del disco la verdadera estrella, como no podía ser de otra manera, es la voz impagable de Van Morrison, que transita por diferentes estados de ánimo y siempre resulta convincente, incluso cuando por momentos parece que vaya a quebrarse.
La canción con más fortaleza del álbum es la vibrante ‘The Way Young Lovers Do’, que nos regala una esplendorosa interpretación vocal acogida entre un deslumbrante entramado instrumental liderado por los vientos y una ágil sección rítmica. Sin embargo, la recta final del álbum es menos vistosa, como si en ‘The Way Young Lovers Do’ Morrison se hubiera dejado toda la energía que le quedaba. Quizá también la sensación de estar caída cualitativa sea debida a que las últimas canciones ya no aportan casi nada novedoso a lo que hemos escuchado hasta ese momento. Por ejemplo, en ‘Ballerina’ la única originalidad radica en el extraordinario trabajo del baterista Connie Kay, mientras que ‘Slim Slow Slider’ se inspira en el jazz nocturno para crear un aura similar. Quizá no fuera buena idea alargar ‘Madame George’ hasta los diez minutos, puesto que musicalmente se basa en crear una atmósfera rural y apropiada para el mensaje de nostalgia que envuelve la letra, donde curiosamente nombran Cyprus Avenue, el título de otra de las canciones. El problema que presenta es que las variaciones no son reseñables durante la mayor parte de la composición y tan sólo en sus últimos dos minutos llega un brillante cambio de tono que compensa un poco el resto del tema, si bien podrían haberlo reducido un poco para llegar antes a ese momento destacado del tramo final.

MOONDANCE
Año de publicación: 1970
Puntuación:
1) And It Stoned Me; 2) Moondance; 3) Crazy Love; 4) Caravan; 5) Into The Mystic;
6) Come Running; 7) These Dreams Of You; 8) Brand New Day; 9) Everyone;
10) Glad Tidings.

Desafortunadamente, el atrevimiento experimental de Astral Weeks no tuvo continuación, ni ahora ni nunca jamás en la carrera de este músico. En alguna entrevista Van Morrison expresó que necesitaba ganar dinero y dejarse de experimentos que el público quizá no entendiera. En definitiva, la eterna disyuntiva del artista: alimentar el espíritu artístico libre o alimentar el estómago, pues lo ideal sería que anduvieran juntas de la mano. Tampoco queda claro hasta qué punto podía continuar por ese folk progresivo de tintes jazzísticos que se había sacado de la manga y que lo encumbraban como una fuerza musical a tener en cuenta, pero en Moondance tampoco se dedicó precisamente a hacer música comercial, aunque aquí apenas queda nada de experimentación sonora. En cualquier caso, Van sigue acompañándose de excelentes músicos que dan forma y aportan una enorme calidad instrumental a sus composiciones (todo está escrito por él), enriqueciendo el sonido y enfatizando la expresividad de las canciones. Una novedad importante es que aquí, por primera vez, Van Morrison será también el productor, asumiendo así la responsabilidad absoluta en esta magna obra.
Muy pronto observamos qué camino ha elegido en Moondance. Claramente influenciada por The Band y su ‘The Weight’, la canción ‘And It Stoned Me’ nos transporta por la misma cadencia de tradicionalismo atemporal que, más aún, se eleva a la categoría de olimpo del rock cuando llega el estribillo que sólo Van Morrison podía inmortalizar mediante algo tan sencillo como declamar “Oh, the water”, con una expresividad inalcanzable para el resto de los humanos. Por si fuera poco, los músicos aportan precisas y bellas melodías que engrandecen el conjunto y convierten esta canción en inolvidable. Otra de las canciones que rememoran ese mágico estilo de los mejores The Band, a pesar de su estribillo tarareado que podría haberse elaborado un poco más, es la memorable ‘Caravan’, por lo que no es casualidad que fuera elegida para ser interpretada junto a los canadienses en su concierto de despedida titulado The Last Waltz. No hay que perderse la seductora coda de la canción. No sabemos si también estaba pensando en The Band cuando cita Canadá en el primer verso de ‘These Dreams Of You’, una excusa para cantar blues aunque luego le añade de forma inesperada un vibrante puente en el mejor estilo de Van Morrison. Como la letra habla de sueños, eso le da libertad para inventar lo que quiera, pero no sabemos tampoco de dónde le vendría la truculencia de ver que a Ray Charles le han disparado.
En la canción que da título al álbum Van demuestra que ha hecho suyo el idioma del jazz. Así, el canto de amor pasional de ‘Moondance’ cautiva por su vibrante y pegadizo ritmo al que se amolda el canto de Morrison, quien aporta un matiz de desesperación algo impetuosa, como si el narrador enamorado estuviera también desesperado por encontrarse con esa persona deseada y volver a sentir ese sentimiento tan profundo que ella le ha hecho descubrir y que sólo ella puede proporcionarle. Por el contrario, dulcifica su voz al máximo para que los dos minutos y medio de ‘Crazy Love’ se conviertan en un acogedor mecimiento para los sentidos. A pesar de su título, en ‘Into The Mystic’ no se atisba nada de misticismo y hay que fijarse en su sutil entramado instrumental para que no parezca la canción más discreta del álbum, pues está mucho más elaborada de lo que aparenta y posee algunos deliciosos detalles. En cambio, ‘Come Running’ es el momento de aportar un ritmo más dinámico dentro de un lenguaje más soul que entronca también con el góspel.
Cuando llega ‘Brand New Day’ ya se ha perdido el efecto sorpresa del álbum y por ello ya no levanta tanta expectación, a pesar de que el pianista Jef Labes brilla en ella con luz propia y es toda una delicia seguir su instrumento durante todo el tema, como lo es también escuchar el clavicordio totalmente barroco (¿aunque cuál no lo es de alguna manera?) que singulariza desde el principio ‘Everyone’, la cual se apoya también en la flauta y se convierte así en una jovial canción de folk. Por último, el moderno entramado rítmico de ‘Glad Tidings’ es como una actualización del de ‘Brown Eyed Girl’, algo a lo que ayuda también a recordar algunos punteos de guitarra. Este tema vuelve a ser una expresión de la alegría que nadie podría intuir cuando se fija en la cara de Van Morrison en la mayoría de sus portadas, normalmente con una expresión que podría parecer de preocupación por algo que ronda en su mente. Pero aquí estamos en su época dorada y con su obra maestra, así que su rostro fruncido no es signo de preocupación, sino de reflexión.
HIS BAND AND THE STREET CHOIR
Año de publicación: 1970
Puntuación:
1) Domino; 2) Crazy Face; 3) Give Me A Kiss; 4) I've Been Working;
5) Call Me Up In Dreamland; 6) I'll Be Your Lover, Too; 7) Blue Money; 8) Virgo Clowns; 9) Gypsy Queen; 10) Sweet Jannie; 11) If I Ever Needed Someone; 12) Street Choir.

Para su siguiente obra, la idea inicial era grabar un álbum a cappella, o en todo caso con escasa instrumentación, acompañado de un coro de amigos a los que bautizó como Street Choir. Esta decisión parece un suicidio comercial, una vez había alcanzado un prestigio y unas ventas relativamente buenas con sus primeros álbumes en solitario, pero Van Morrison era también productor de sí mismo y tenía control absoluto sobre lo que quisiera hacer. Finalmente, y con buen criterio, decidió acompañarse de músicos competentes que aportaran un sonido rico en técnica y matices, muy necesarios para complementar la expresividad de la voz de Van y alcanzar esas altas cotas de genialidad que tanto habían impresionado hasta ese momento.
Empieza el álbum en el mismo punto álgido que había alcanzado en el anterior, pues el seductor ritmo marcado por la guitarra que inicia ‘Domino’ capta la atención de manera inmediata y la inconfundible voz de Van hace el resto. El estribillo potenciado por los vientos no está muy elaborado, pero posee suficiente fuerza para que la canción no decaiga en ningún momento. También comienza de manera excepcional la balada ‘Crazy Face’, de exquisito piano y perfecta ambientación que, no obstante, se ve truncada por una de las peores decisiones que se hayan tomado en un estudio de grabación. ¿A quién se le ocurrió que era necesaria esa alargada nota de saxofón que aparece pasado el primer minuto? Rompe por completo la ambientación creada y al mismo tiempo irrita a cualquiera. De hecho, ni siquiera se entiende que haya un solo de saxofón en esta canción, tan delicada el resto del tiempo y con algún imprevisto giro rítmico. Por ende, pierde la oportunidad de haber sido otro de los grandes temas de Van Morrison; si acaso, podría alcanzar esa categoría en directo si se evitara el saxofón, un instrumento con una fuerza tímbrica que no se requería en ‘Crazy Face’. Y, como si fuéramos cuesta abajo, a continuación llega la convencional ‘Give Me A Kiss’, que les sirve para pasarlo bien con una pieza rítmica.
Por fortuna, todo mejora ostensiblemente conforme empieza a sonar el consistente ritmo funk de ‘I've Been Working’, una de esas explosiones de energía en la música de Van Morrison y que siempre se agradecen, al estilo de los mejores Blood, Sweat & Tears (ojalá no hubieran dejado de hacer cosas así), lo cual ratifica la compenetración y enorme competencia de los músicos que le acompañaban. Una de las canciones que justifican la inclusión en el título del disco del Street Choir (el coro que le acompañó durante las grabaciones) es ‘Call Me Up In Dreamland’, pues está interpretada como un góspel a pesar de que suena como una canción de folk tradicional. Es lo que podríamos imaginar cantando a Woody Guthrie con su guitarra, sin nada más. En cambio, ‘I'll Be Your Lover, Too’ es una balada bien estructurada para que se deleiten los/las amantes del norirlandés, puesto que es casi el único protagonista aquí. En ‘Blue Money’ se limita a imitar el ritmo de ‘The Girl Can't Help It’, el clásico de Little Richard compuesto por Bobby Troup, dejándose llevar sin mayor esfuerzo, mientras que ‘Sweet Janie’ es un blues canónico interpretado con gusto, tanto por el vocalista como por los músicos.
Retoma con reservas el folk progresivo de Astral Weeks en ‘Virgo Clowns’, lo cual deja claro que era un camino que podría haber tomado de haberlo deseado. En cambio, ‘Gypsy Queen’ es una exquisita balada en modo big-band, un medio musical al que se iba adaptando y donde ya demostraba un buen conocimiento, pues si queremos ver todo un ejemplo de cómo una big-band puede crear una balada épica, lo encontraremos en la memorable ‘If I Ever Needed Someone’. No parece que vayamos a escuchar nada especial en la final ‘Street Choir’, pero cuando llega su estribillo nos volvemos a adentrar en el nirvana musical al que Morrison consigue llegar en sus buenos momentos. Seguía, pues, demostrando en este álbum que era capaz de llevar sonidos tradicionales a cotas artísticas muy elevadas.